Rindanse o mueran. Así le habló el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, a las fuerzas de seguridad iraníes. En un mensaje televisado, el líder norteamericano exigió la rendición inmediata de la Guardia Revolucionaria, el ejército y la policía iraní, prometiendo inmunidad a quienes entreguen las armas y amenazando con “una muerte segura” al resto. “No será bonito”, advirtió.
Trump se dirigió al pueblo iraní instándolo a “recuperar su país”, como si una potencia extranjera tuviera la autoridad moral de rediseñar desde afuera el futuro político de 90 millones de personas. Cuando le preguntaron quién reemplazaría a Jamenei, respondió: “No sé, pero en algún momento me llamarán para preguntarme a quién me gustaría.” Luego aclaró que era “solo un poco sarcástico”. En efecto, quiere replicar lo que hizo semanas atrás cuando invadió Venezuela.
La reacción internacional fue inmediata. La Unión Europea llamó a la “máxima contención” y al respeto del derecho internacional. China condenó los ataques como “una grave violación de la soberanía de Irán” y una “violación de la Carta de las Naciones Unidas”. Irán por su parte respondió con misiles contra bases militares de EE.UU. en Baréin, Kuwait y Qatar, y atacó aeropuertos en los Emiratos.
Trump admitió ante The Atlantic que estaba dispuesto a al diálogo pero lamentó que no haya sucedido antes. “Deberían haberlo hecho más temprano. Esperaron demasiado.”


