Las Fuerzas de Defensa de Israel lanzaron “ataques a gran escala” contra posiciones de Hezbollah en el sur del Líbano y en los suburbios del sur de Beirut, en respuesta al lanzamiento de cohetes y drones que impactaron el norte del Estado judío.
Hezbollah reivindicó los ataques como represalia por la muerte del líder supremo iraní Ali Khamenei. Israel respondió de inmediato con bombardeos que según agencias internacionales dejaron más de 30 muertos y cerca de 150 heridos en territorio libanés.
La dimensión humanitaria del conflicto es inmediata. La portavoz de las FDI para medios árabes ordenó la evacuación de 53 pueblos y ciudades del sur del Líbano, advirtiendo que los habitantes debían alejarse al menos 1.000 metros de las zonas pobladas. Las autoridades libanesas señalaron que la magnitud del éxodo remite al inicio de la guerra abierta con Israel en septiembre de 2024, cuando cerca de 1,2 millones de personas abandonaron sus hogares en pocos días.
El propio gobierno libanés tomó distancia de Hezbollah. El presidente Joseph Aoun declaró que el lanzamiento de misiles desde territorio libanés “va en contra de todos los esfuerzos y gestiones realizados por el Estado libanés para evitar implicarse en los peligrosos enfrentamientos militares que tienen lugar en la región”.
Las FDI confirmaron que sus operaciones abarcan “todo el territorio libanés” como represalia a los disparos de Hezbollah, respaldado por Irán.
El escenario regional se complica por horas: mientras EE.UU. e Israel continúan operaciones sobre Irán, el frente norte israelí se reactiva y el Líbano vuelve a pagar los costos de un conflicto en el que su gobierno dice no querer participar.


