El presidente de Azerbaiyán, Ilham Aliyev, convocó con urgencia al Consejo de Seguridad nacional y ordenó poner en alerta máxima a todas las ramas de sus fuerzas militares tras un ataque con drones que impactó en el aeropuerto del exclave azerbaiyano de Najicheván y en una escuela, dejando cuatro heridos.
“Nuestras fuerzas armadas, el Ministerio de Defensa, el Servicio Estatal de Fronteras y todas las demás unidades de fuerzas especiales han sido puestas en alerta máxima y deben estar preparadas para llevar a cabo cualquier operación”, declaró Aliyev ante los miembros del Consejo. El tono fue contundente: “Que no pongan a prueba nuestra fuerza”, advirtió, y aseguró que quienes cometieron lo que calificó de “acto terrorista” lo lamentarán.
Azerbaiyán apuntó directamente a Irán como responsable del ataque. Sin embargo, Teherán lo negó de manera categórica a través de un comunicado del Estado Mayor de sus Fuerzas Armadas, en el que además acusó a Israel de haber ejecutado la operación para culpar a la República Islámica.
El episodio tensó una relación vecinal que ya venía deteriorada. Aliyev fue explícito en un punto: Azerbaiyán no participa ni participará en operaciones contra Irán, donde reside una numerosa comunidad de azerbaiyanos étnicos. Un dato que habla tanto de los límites que el propio Bakú se impone como de la complejidad de un conflicto que involucra identidades, fronteras y rivalidades que van mucho más allá del incidente de este jueves.


