La guerra en Medio Oriente ya se siente en el bolsillo de los argentinos. Desde el inicio de los bombardeos sobre Irán, el 28 de febrero, los precios de la nafta y el gasoil acumularon una suba del 6% en menos de dos semanas, según el índice de alta frecuencia de la consultora EcoGo. El contraste es elocuente: entre diciembre y fines de febrero, el mismo indicador había subido apenas 0,09%.
El detonante fue la disparada del petróleo Brent, que pasó de US$73,20 el 27 de febrero a superar los US$118 en su pico de esta semana, un salto del 34,7%. Ese shock externo se trasladó de inmediato a los surtidores locales, donde el litro de nafta súper promedia los $1.717 y la premium supera los $1.881, según la web especializada Surtidores. En estaciones de CABA, los valores relevados por este medio fueron aún más altos.
El CEO de YPF, Horacio Marín, intentó calmar las aguas desde Nueva York: “No habrá cimbronazos. Tenemos un compromiso honesto con los consumidores”, afirmó, aunque reconoció que si los costos continúan impactados “podría haber movimientos, pero mucho más lento.”
El salto en los combustibles promete complicar el dato de inflación de marzo, que el Banco Central proyectaba en torno al 2,7%. Un aumento del 6% en nafta y gasoil representa una variación muy superior al avance previsto para el nivel general de precios, y los analistas advierten que, si el Estrecho de Ormuz permanece cerrado, lo peor podría estar aún por venir.


