Chicago, Nueva York, Washington, Minnesota, Philadelphia. Ocho millones de personas en las calles de los Estados Unidos bajo una sola consigna: “No reyes”. No quieren reyes. Quieren presidentes democráticos que obedezcan al Congreso, sus reglas y la Constitución.
De Robert De Niro a Bruce Springsteen, todos los artistas que te imagines del espectro cultural norteamericano dijeron presente. Y no solo los artistas. Abuelas octogenarias, obispos de la Iglesia Católica, alcaldes en pie de guerra. Un obispo que lo sacó a patadas de una iglesia donde Trump quería llevar personas. La gente le da albergo a quienes persigue y los enfrenta.
A los agentes del ICE ya no les venden comida y no les venden combustible en las estaciones de servicio. La policía de Nueva York los detiene como auténticos criminales y los pone a disposición de los tribunales. El alcalde de Nueva York le pone el pecho y el cuerpo y se enfrenta a ellos personalmente.
El Congreso está a dos votos de iniciar el juicio político contra el criminal.
Estados Unidos tiene un solo destino: la caída de Trump o la guerra civil. Irán acaba de invadir Estados Unidos, pero no con misiles: con ocho millones de norteamericanos en las calles que no quieren la guerra con Irán, que no quieren a un nazi como Netanyahu, que no quieren a un pedófilo degenerado como Trump. Quieren cantar y bailar por las calles y que nadie toque a sus vecinos por ser latinos o africanos.
Imagínense si las ratas del Congreso argentino, ese prostíbulo lleno de corruptos, hubiera procedido al juicio político cuando se los pedimos hace dos años. La Argentina debería estar alineada con Brasil, con México, con Rusia, con China, con Pakistán, con India, con Vietnam. Nunca con la Doctrina Monroe.
El mundo quiere paz. Los que quieren guerra son dos y su gabinete de nazis. El pueblo de los Estados Unidos lo sabe. Y lo está demostrando en las calles.
Santiago Cúneo en 1+1=3.


