El caso Propofol —iniciado tras la muerte del anestesista Alejandro Zalazar— volvió a poner en el centro del debate las fallas estructurales del sistema de salud argentino. El emergentólogo Eduardo Arellano advirtió que no existen protocolos para detectar consumos problemáticos en hospitales y que, cuando un trabajador pide ayuda, “en general se lo estigmatiza y muchas veces se lo echa”.
El especialista señaló que los controles tienen grietas concretas: los médicos no son revisados al salir de guardia, a diferencia del personal de enfermería o limpieza. En turnos nocturnos, fines de semana y feriados, el acceso a fármacos como el Propofol o el fentanilo queda en manos de supervisores sin supervisión adicional.
Arellano remarcó que la Organización Mundial de la Salud recomienda auditorías periódicas y detección de conductas sospechosas, pero que en Argentina esto “queda librado a la suerte”. Reclamó trazabilidad de los fármacos y abordaje desde la salud ocupacional: “Esto no es un problema individual, sino estructural del sistema de salu


