Construyamos un Sub-50, no ganemos elecciones, ganemos la batalla política. Reconstruyamos la Argentina revolucionaria, volvamos a la esencia de la Argentina revolucionaria, la que cruzó los Andes, la que dio la batalla de la Vuelta de Obligado, la de nuestros héroes de Malvinas, la del cordobazo, la de la resistencia peronista, la de Rucci. Volvamos a hacer lo que tenemos que hacer y terminemos con los discursos payasescos del boliche de San Telmo, dejate hinchar las pelotas.
¿Querés ser youtuber? Entonces no sos peronista. ¿Querés tiktokear? Entonces no sos peronista. La revolución francesa está en tres palabras y ningún pibe las entendería si la pones en WhatsApp.
Tenemos que construir futuro. Futuro. El mundo llegó al final de un ciclo.
Estamos en el final, la postrimeria, el cierre. En cualquier momento se baja la tapa del cajón y lo empujan adentro del cementerio. Murió el capitalismo occidental anglófilo. Murió el proyecto nazi sionista de Netanyahu. Murió el Mossad. Murió la isla de Epstein. Murieron las élites de los Rothschild y los Rockefeller. Murieron. Nació el mundo de los Brics. La revolución de los que parecían derrotados y resurgen como el Fénix. Y Argentina tiene que estar ahí. Por convicción, no por espanto. Tenemos que llegar convencidos ahí. Hay mucho por hacer. La Argentina, si no es confederal, está muerta.
Pero la década ganada no le garantizó el techo al que hoy está en la calle. La década ganada no le garantizó a las fábricas un modelo industrial permanente y sostenido que no pudieran destruir los liberales con tres decretos. La década ganada no le garantizó a los jubilados dignidad, porque también le vetamos el 82% móvil.
Y también usamos las cajas de jubilaciones del ANSES y del PAMI para dejar papelitos en el Banco Central. Basta de mentirnos, muchachos. Los datos duros son datos duros.
Vas a la historia, la memoria del Banco Central, la emisión de la moneda, vas a las reservas, vas al Banco Nación y ya está. Y te das cuenta que no te pueden mentir.
Cambiemos la matrix o no cambiamos nada.
Santiago Cúneo en 1+1=3.


