Es un ex-hombre con una mentalidad muy infantil, lo demostraba en cada uno de los reportajes a los que era invitado. Era invitado como un monito, era invitado como un mago, un saltimbanqui, un humorista. Alguien que suscita la atención de los demás, como puede suscitar la atención un stripper que haga el helicóptero en cámara.
Lo voy a ver, me llama la atención eso. Llaman la atención los suicidios a veces, que algunos están registrados en cámara. Hay gente que le gusta mirar el horror. Ni a un stripper haciendo el helicóptero, ni gente en los campos de concentración. Hay una especie de morbo y lo que suscitaba Javier Milei era el morbo.
Era muy lindo ver a una persona, era muy atractivo para el rating. Así como es atractivo ver a una persona en una jaula de la UFC haciendo bolsa al otro que está en el piso y pegándole codazos en la nariz. Si no, no tendría el éxito ni manejarían tantos millones.
Ver a un tipo totalmente exaltado en un estudio donde normalmente se hablan cosas serias: la paritaria, los docentes, la industria nacional, el peronismo, la corrupción. Y viene ese hombre exaltado lleno de malas palabras a erguirse allí con gritos, con insultos y con un pelo ridículo y una pinta de roñoso maravillosa porque siempre iba igual, siempre con un librito, una carpeta y el estuche de los anteojos que no lo larga nunca. Debe haber cenizas del perro en el estuche.
Sabiendo las anécdotas, los perros muertos y todo eso, la gente vota para que guíe el país un boxeador de la UFC.
Leo Greko.


