Llegamos con la necrológica del Indio Solari, pero era apenas el anticipo. A lo largo del fin de semana lo despidió una multitud: el músico, el ídolo de la tribu que lo lloró y de los que lo reputearon en las redes. Así fue la vida.
Lo interesante no es cuánta gente fue, porque fue un montón. Si fueron 300.000 o un millón es lo de menos: ponele el número que se te canten las pelotas. La realidad es que si el 1% de todo lo que fueron a llorar al Indio Solari salieran a la calle a terminar con este gobierno, este gobierno ya no existiría.
La conclusión es que la Argentina está compuesta por una manga de pavotes que hacen la revolución fumándose un porro, clavándose dos líneas de cocaína y haciendo un pogo. Pero a la hora de los bifes, de la revolución política para cambiar las cosas, no pasa un carajo.
Por Santiago Cúneo.


