Por Santiago Cúneo
A pesar del fin de semana largo, me vi obligado a romper el merecido descanso que todo argentino tiene —aunque la situación nos obligue a seguir trabajando para comer— y decirles una cosa: estoy podrido de que le digan chorro a Manuel Adorni.
Estoy harto, harto, podrido de que le digan chorro. Porque Adorni no es ningún chorro. Adorni no es ningún chorrito. Adorni es una cascada de corrupción.
Hablen con propiedad, por favor.


