Por Santiago Cúneo.
Estos asesinos son un eslabón de una cadena de criminales. Vienen de la rata inmunda de Rivadavia, que intentó meter preso a San Martín cuando volvía del Perú. Son los mismos que mataron a Dorrego. Y todavía tienen radios con su nombre, como Mitre.
Fíjense qué locura: dos de las principales señales de radio del país llevan el nombre de dos terribles hijos de puta traidores a la patria, Rivadavia y Mitre. No se puede vivir sanamente en un país que festeja a sus asesinos, que les rinde honores a los traidores.
Y hoy tenemos un gobierno que reivindica todo ese odio y toda esa maldad que heredó de esa basura. Por eso hay que recordar el bombardeo. No atacaron solo la plaza: sobre la residencia presidencial de Juan Domingo Perón, donde hoy se levanta la Biblioteca Nacional, también cayeron las bombas.
Creían que Perón estaba en la Casa de Gobierno. Fue un intento de magnicidio. Y como efecto colateral mataron a más de 300 personas: chicos que iban en un micro escolar, trabajadores arriba de un colectivo, gente que caminaba por la Plaza de Mayo, empleados que ni siquiera eran peronistas. Lo hicieron con aviones pintados con la inscripción “Cristo vence”. Y después esos cobardes huyeron a Uruguay, como las ratas que eran.
No se puede convivir con el enemigo, al enemigo hay que matarlo, rendirlo de manera incondicional; no hay otra solución.
Estamos acá porque Perón se equivocó y no los mató a todos. El mismo día debería haberse iniciado la operación venganza y fusilar hasta el último puto liberal hijo de puta que bombardeó la Plaza de Mayo. Y hoy tendríamos otra Argentina.


