Pablo Alarcón habló con Ale Rubio en Íntimamente y recordó los orígenes de su pasión por la actuación. Todo comenzó en una esquina de Pellegrini, donde de chico veía llegar circos pequeños: “Para mí era una maravilla, era Hollywood”, contó.
El actor relató cómo hacía mandados para los artistas a cambio de entradas: “¿Qué necesitaban? Una mesa, una silla, un farol. Yo iba a mi casa, lo robaba, se lo daba a los artistas, y con eso me ganaba una, dos, tres entradas”. Tenía apenas cinco o seis años.
Junto a su hermano Néstor armó su propio circo en el fondo de su casa. “Y yo creo que ahí me enamoré del oficio de la simulación”, reflexionó.
Alarcón cerró con una definición sobre su vocación: “Volver a ser niño es el precio que uno tiene que pagar para jugar. Yo digo, vamos a jugar. Es un juego. Y me divierto realmente”.


