En diálogo con Gustavo Lutteral en Código Lutteral, Alejandro Apo recordó un ritual de su infancia: “mis viejos por ejemplo nos planteaban en el día que buscáramos un cuento para leerlo en voz alta la noche después de la cena y lo discutíamos todos”. Y agregó: “yo se lo agradecía a mi vieja y a mi viejo hasta el último día”.
Apo contó que ese hábito lo acercó a grandes autores desde muy chico: “yo conocí a Borges, Cortázar, Bradbury a los 12 años y leía cuentos de ellos y veía y opinaba entre grandes que decían mira lo que dice el flaco, porque yo era flaco”.


