China se plantó este lunes como actor diplomático clave en Medio Oriente y lanzó una advertencia directa sobre los riesgos de una escalada sin freno. “Más combates no producirán un ganador, sino exclusivamente un sufrimiento inmenso para la gente de la región”, afirmó Zhai Jun, enviado especial del gobierno chino, en una rueda de prensa en Pekín.
Zhai acaba de concluir una gira por Arabia Saudita, Bahréin, Emiratos Árabes Unidos, Egipto y Kuwait, donde mantuvo reuniones con cancilleres y con los secretarios generales del Consejo de Cooperación del Golfo y la Liga Árabe, además de conversaciones con la parte iraní.
El mensaje que recogió en todos los destinos fue uniforme: los países de la región exigen proteger los objetivos civiles y la infraestructura energética, se oponen al cierre del estrecho de Ormuz y reclaman un alto el fuego inmediato. “Su cierre prolongado provocaría consecuencias insoportables para todos”, remarcó el enviado.
Zhai recordó que el conflicto ya acumula más de 21.000 víctimas y subrayó que el comercio y la economía mundial están bajo una presión creciente. Frente a ese cuadro, Pekín reafirmó su compromiso mediador: “China mantendrá una estrecha comunicación con las partes, ayudará a reducir las tensiones y hará esfuerzos incansables por la paz”, señaló.
Los países visitados, según el enviado, valoraron la posición china y pidieron expresamente que Pekín asuma un rol más destacado en la desescalada.


