Por Santiago Cúneo.
Había olor a cala en el caso del delincuente chorro, hijo de puta, bolsa de pus de Adorni, pero el gobierno eligió la más berreta de todas las maniobras para manipular un hecho fáctico: Macri se cogió a Milei.
Cuando Macri, en Mar del Plata, anunció que el PRO ahora sí —porque las encuestas le daban muy mal cuando salieron a medir qué había pasado con que el bloque de los nueve diputados no bajó a la sesión para la interpelación de Adorni—, en un giro de 180 grados, un volantazo político de último minuto, dijo: esta semana damos quórum en diputados y en senadores para la interpelación. Eso habilitaba el despido de Adorni a través del Congreso, un despido forzado. Fue la tormenta perfecta: ya existiendo quórum y siendo convocado por el kirchnerismo el encuentro para despedirlo, era demasiado para el gobierno.
Entonces Macri deja sin salida al esquizofrénico genocida social de Milei y lo obliga a tomar la decisión inexorable de que Adorni saliera. No lo eligió Milei, no lo eligió Karina: Adorni es el socio del delito de ellos, parte de la corrupción de estos hermanos hijos de puta nacidos de una familia de corruptos. Es el riñón de esos corruptos. No había ninguna posibilidad de que diera un paso al costado.
De hecho, no lo dio: lo empujó el macrismo al abismo, porque tenían a alguien para poner en su lugar, Diego Santilli. Y Diego Santilli es Macri. Acaba de ocupar la jefatura de gabinete, o sea que el macrismo co-gobierna con La Libertad Avanza sin ningún tapujo ni inhibición moral. Pasaron de pedir la renuncia de Adorni a ocupar su lugar.
El PRO toma el control definitivo: Sturzenegger, Caputo, Bullrich, Santilli. Ya está. Estamos bajo gobierno amarillo, con un loco desquiciado.


