La desigualdad en la Argentina no cede. El informe “Evolución de la distribución del ingreso” del INDEC reveló que el 10% más rico de la población percibe ingresos 13 veces superiores al 10% más pobre, exactamente la misma brecha que en igual período de 2024. La leve baja del Coeficiente de Gini —de 0,430 a 0,427— no alcanza para disimular una estructura social que permanece sin cambios de fondo.
Los números lo confirman: mientras el ingreso promedio del estrato alto trepó a $2.476.247, el de los sectores más pobres apenas llegó a $351.028. La mediana del ingreso per cápita —más representativa de la realidad mayoritaria— fue de $450.000, menos de la mitad del promedio individual de $1.011.863 que publica el organismo.
La informalidad y el género agravan el cuadro. Los trabajadores informales ganan en promedio la mitad que los formales, y las mujeres perciben un 29,6% menos que los varones. En los hogares del decil más pobre, el 67,7% de los ingresos proviene de ayudas externas —jubilaciones, subsidios, transferencias—, una dependencia que expone la fragilidad de los sectores que el modelo dice proteger.


