Un día se le escapó la tortuga, porque este sommelier de chorizos que tiene relaciones con un montón de señoras y señores se equivocó de juez. Un juez que no sabemos si por error, omisión o el menú de la parrilla terminó comiéndose unos buenos chorizos del sommelier de chorizos en la parrilla del sommelier de chorizos. Pero resulta que el juez Amarante, que fue a la parrilla a comer, es el que tiene procesado al presidente de la AFA, al señor Chiqui Tapia. A su vez, Leandro Camani, que es el socio del sommelier de chorizos en el tema fotomultas —porque las comparte, él gestiona para él, es un amigo, pide por él—; a su vez Camani es el que le pagó a Lilita y a una persona de Lilita de Pilar para que denuncien al Chiqui Tapia.
Entonces tenemos al sommelier de chorizos que es socio de Camani en el curro de las fotomultas, pero esta vez se le escapó la tortuga, porque el juez que fue a comer es el que procesó y mantiene secuestrados, entre otros, al presidente de la AFA, vinculados a Lilita y al denunciante trucho que quedó imputado por falsa denuncia.
¿Qué pasa acá? La pregunta es qué hacía en la mesa judicial de la parrilla el juez que está atrás de meter preso al Chiqui Tapia, asociado al tipo que lo mandó a denunciar y que con la plata de las fotomultas financió falsas denuncias contra Tivigino y Tapia. Al sommelier de chorizos se le escapa la tortuga; por ahí no estaba ese día y no vio que el juez Amarante comió en su parrilla y tampoco sabe con quién.
Lo que sabemos es cuál es el resultado final: sommelier de chorizos más Camani es igual a juez Amarante. Juez Amarante igual Carrió y falsa denuncia, procesamientos que surgen de la voluntad de Camani de llevarse puesto al Chiqui Tapia porque no le dio el negocio del Camino del Buen Ayre. Camani dijo que a esta altura del partido iba a tener el monopolio total del conurbano bonaerense y la Costa Atlántica en materia de fotomultas.
Este cuadro es bien claro: las víctimas son el Chiqui Tapia y Tivigino, y los denunciantes son Camani, fundamentalmente a través de Lilita Carrió y su patota de la Coalición Cívica. El juez Amarante es el que procede pero va a comer a la parrilla del sommelier de chorizos.
Con este gráfico queda absolutamente claro que el sommelier de chorizos no mide las consecuencias de lo que habla en esas mesas, de lo que dice, de lo que cuenta. Al no medir las consecuencias, porque creen que la impunidad la da el dinero y que los amigos del poder —a los cuales les cuenta versitos distintos a cada uno— nadie se va a enterar lo que le dijo al otro. El sommelier de chorizos cree que es un tipo importante y poderoso. Y el sommelier de chorizos es Olmedo.


