El segundo día de guerra confirmó lo que el primero insinuó: esto ya no tiene techo visible. Israel lanzó una nueva oleada masiva de bombardeos sobre el centro de Teherán mientras Estados Unidos hundía una corbeta iraní en el Golfo de Omán.
Irán respondió con misiles y drones: diez muertos en suelo israelí, nueve de ellos cuando un proyectil impactó directamente un edificio residencial en Beit Shemesh, el ataque más letal contra Israel desde el inicio del conflicto.
En medio de la escalada, Trump sorprendió al decir que está dispuesto a negociar. “Ellos quieren hablar, y yo he aceptado hablar”, afirmó en una entrevista con The Atlantic, aunque admitió sin inmutarse que varios de sus interlocutores en las negociaciones previas murieron en los bombardeos del sábado. Elevando la tensión, el mandatario norteamericano amenazó con asesinar a las fuerzas iraníes en caso de no rendirse.
Irán designó un nuevo jefe de la Guardia Revolucionaria: Ahmad Vahidi, buscado por la justicia argentina por su presunto rol en el atentado a la AMIA de 1994. Un dato que no es menor para la Argentina: el hombre que lidera ahora las fuerzas más poderosas del régimen iraní tiene un pedido de captura internacional por el atentado.
El conflicto se desborda por la región. Dos barcos fueron atacados en el Estrecho de Ormuz, la naviera Maersk suspendió operaciones en la zona, y los países del Golfo convocaron una cumbre de emergencia. La OPEP+ anunció un aumento de producción ante la desestabilización de las rutas de suministro, pero el precio del petróleo ya subió un 10%. El Pentágono confirmó además tres militares estadounidenses muertos.


