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Historias de amor, cuernos y traiciones

Moranzoni narró en clave de fábula un triángulo amoroso entre una comunicadora, un político de alto perfil y el director de un medio.

Es una fábula. Entre una periodista, un ministro cornudo, que ya no es más ministro, ahora es senador, en un país de ficción. Agárrense de las manos, hay manta de Nepal.

Había una vez una niña que quería ser periodista. Después de mucho trabajar, pega un gran laburo en el canal más blanco de la Argentina, que no vamos a dar nombres porque dije Argentina pero voy a cambiar país. Pelotilehue. Ella pega el laburo en el noticiero central del canal de la familia. Esta periodista conduce con un muchacho, presentaba noticias. Hacer periodismo es otra cosa, pero en un canal tan importante esta periodista toma notoriedad. Se hace muy famosa. Y viste que los políticos de primer nivel, aunque no se lo merezcan estar en ese primer nivel, les gustan las comunicadoras. Entonces, entre mensaje va y mensaje viene, esta comunicadora se enamora de un político muy importante.

Ella, chocha. Y como por arte de magia, después de haber trabajado muchos años en un noticiero que sólo presentaba noticias, empieza a trabajar en la señal del régimen de ese pueblito. Si esta no sabía hacer otra cosa que leer. Pero de golpe, como por arte de magia, empieza a bajar línea editorial como nunca antes había hecho. Pero un día, el dueño, en realidad el que dirigía ese imperio de propaganda en ese pueblete, empezó a caminar por los pasillos. Qué linda que está la mujer del político. Hasta ahí no había pasado nada. Pero cuentan los bufones de ese medio que entre charla y charla, entre sonrisa y sonrisa y entre sobre y sobre, la periodista y el director se enamoraron furtivamente, apasionadamente.

¿Qué pasó? Y el problema era ahora que no se entere el político. Tres personajes muy mediáticos. Uno no tanto. El director es un tipo que ha mantenido el perfil bajo y que acá lo único que hace mal es el pata de lana. Yo no tengo ninguna crítica para el director. Lo cierto es que parece que el político un día se enteró. Hubo reproches, hubo llanto de él. ¿Cómo me pudiste hacer esto? Mi carrera. No le importaba el amor. La otra se lo negó.

Yo les voy a dar tres finales de este cuento. Si elegís la puerta 1, la parejita entra por esa puerta, acá no pasó nada y son felices para siempre. Esa no la dije yo. Si elegís la 2, la parejita mantiene las formas hasta que el tema deje de escalar y después anunciamos la separación y que no hubo terceros en discordia. Y la puerta 3 es la periodista patea el tablero y en un tiempo reconocen con su nuevo amante o pareja que están viviendo un romance apasionado y colorín, colorado, este cuento ha acabado.

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