La guerra con Irán destruyó el principal activo electoral del Partido Republicano: el mensaje económico. El conflicto disparó los precios de la gasolina hasta un 50%, exacerbó la inflación de alimentos y llevó la confianza del consumidor a mínimos históricos, golpeando de lleno a los votantes de clase trabajadora que forman la base política de Donald Trump.
Christopher Galdieri, profesor de ciencias políticas del Saint Anselm College, explicó el mecanismo: “El alto precio de la gasolina es la kriptonita de los políticos estadounidenses. Los votantes lo recuerdan cada vez que llenan sus tanques y suele ir acompañado de aumentos en los precios de los alimentos y otros artículos para el hogar”.
La aprobación de Trump en gestión económica ronda el 30% en algunas encuestas. Darrell West, de la Brookings Institution, fue directo: “Trump no ha hecho un buen trabajo explicando sus objetivos para la guerra. Todo esto está creando grandes problemas para su partido”.
Dean Baker, cofundador del Centro de Investigación Económica y Política, advirtió además que los 115.000 empleos creados en abril podrían no sostenerse: “Dudo que la economía siga creando empleos a un ritmo similar, incluso si los precios del petróleo comienzan a caer pronto”.


