Mientras Donald Trump reclama ayuda militar para reabrir el estrecho de Ormuz, sus aliados europeos le responden con distancia. El portavoz del gobierno alemán, Stefan Kornelius, fue el más terminante: el conflicto entre Estados Unidos e Israel contra Irán “no tiene nada que ver con la OTAN“, afirmó, recordando que la alianza atlántica “es una alianza para la defensa del territorio de sus miembros” y que en la situación actual “no existe el mandato para desplegarla”.
El ministro alemán de Defensa, Boris Pistorius, fue en la misma línea: Berlín no ofrecerá “ninguna participación militar”, aunque está dispuesto a trabajar “por la vía diplomática” para garantizar la seguridad del tránsito. Y dejó una frase que resume el malestar europeo: “Esta guerra empezó sin ninguna consulta previa.”
El primer ministro británico, Keir Starmer, eligió un tono más moderado pero igualmente firme. Aseguró que el Reino Unido trabaja con sus aliados en un plan “viable” para restablecer la libertad de navegación, aunque aclaró que no se trata de “una tarea sencilla” y subrayó que su país “no se dejará arrastrar a una guerra más amplia”. La jefa de la diplomacia europea, Kaja Kallas, admitió que a la Unión Europea le interesa mantener abierto el estrecho, pero reconoció que el bloque todavía debate “qué puede hacer al respecto desde el lado europeo.”
La posición unánime de los europeos deja a Trump con una coalición más estrecha de lo que sus declaraciones sugieren, en un estrecho por donde transita cerca del 20% del suministro mundial de petróleo.


