La realidad hoy es mucho, pero mucho más triste que la fábula o la fantasía de novela de cualquier película de terror o libro que hayas leído. Todo lo que parece inimaginable en la Argentina ya pasó. Y sin embargo no aprendimos absolutamente nada. Estamos con los hijos de los genocidas, los nietos de los genocidas, los economistas de los genocidas y el mismo pueblo sufriente, herido y sangrante al cual cada vez le va peor. Se llama el pueblo argentino.
La rata inmunda, el ladrón sorete, la basura inmunda, la larva de Adorni. Que ya tendría que estar expulsado por el Congreso de su cargo, a patadas en el culo, puesto a disposición y detenido por chorro. Sigue mofándose.
Y el que dice que es presidente, a vos, rata inmunda, la concha de tu madre, bola de grasa, descerebrado, enfermo mental, psicótico, esquizofrénico, bipolar, que es tu diagnóstico en el Borda, hijo de puta. No pasás un psicotécnico, no pasás una pericia psiquiátrica. Ladrón, hijo de puta. Delincuente. Vos, tu hermana y tu papá, familia de chorros, de delincuentes. Gobierno de chorros y delincuentes.
Sturzenegger, Caputo, Bullrich. La única salida, terminar con este gobierno. Juicio político y destitución, condena y, por supuesto, reforma de la Constitución. Revolución, no reformismo. Revolución, no reformismo.
Santiago Cúneo.


