Por Santiago Cúneo.
Cuando te cruce el padre de un nene que se muere en el Garrahan porque no tenía medicamento, porque vos le robaste la plata. Cuando te cruce el papá del chico con discapacidad, del Andis, que le robaste el 3%, el 5%. ¿Sabés dónde va a parar el hálito de superioridad? O sea, hay una frase que me decía mi abuela, “témele a la ira de los pacientes”.
El tipo que no jode a nadie, vos pasás y está, va a laburar, viene a laburar, no habla, se esfuerza, para la olla. Ahora, el día que ese explota, nada, no jode a nadie. Pero el día que vos a ese le hiciste enojar, empezá a correr.
Y cuando vos ya cruzás determinadas líneas de hipocresía, el tipo tranquilo ya empieza a sentir que aparte de la realidad material que ya no tiene, no tiene el morfi en la heladera, no tiene el trabajo, encima lo tratás de pelotudo. Ya surge una cuestión que tiene que ver con la dignidad. No importa si tenés mucho o tenés poco, te pide no me podes tomar tan de pelotudo.


