Mientras los estadounidenses enfrentan una suba del 16% en el precio de la gasolina en apenas siete días y en el resto del mundo comienzan a registrarse subas, el presidente Donald Trump salió a minimizar el golpe al bolsillo. “El aumento a corto plazo de los precios del petróleo es un precio muy pequeño a pagar por la seguridad y la paz”, escribió en Truth Social, y remató: “¡Solo los tontos pensarían lo contrario!”
El WTI superó los US$100 por barril por primera vez desde 2022, llegando a rozar los US$110, mientras el Brent trepó por encima de los US$105 con subas de hasta el 15%. Los mercados no compartieron el optimismo presidencial: Wall Street cayó cerca del 1,5% en medio de la volatilidad generada por la guerra en Medio Oriente que Washington impulsó junto a Israel.
Trump garantizó que los precios “caerán rápidamente” una vez destruida la amenaza nuclear iraní, pero no ofreció plazos concretos ni reconoció el peso real de la crisis sobre los hogares de menores ingresos, los más vulnerables a los aumentos en los combustibles.
Su secretario de Energía, Chris Wright, intentó matizar el panorama asegurando que el escenario de escasez energética es descartable y que el impacto “durará unas semanas, no meses”. Mientras tanto, la administración negocia en silencio escoltas militares para petroleros en el golfo Pérsico y evalúa liberar sanciones a productores rusos, reconociendo así, de facto, que el problema dista de ser “pequeño”.


