Joe Kent, director del Centro Nacional de Contraterrorismo, renunció este martes al gobierno de Donald Trump y publicó una carta en X que sacudió al establishment republicano: “No puedo, en conciencia, apoyar la guerra que se libra en Irán. Irán no representaba ninguna amenaza inminente para nuestra nación, y es evidente que iniciamos esta guerra debido a la presión de Israel y su poderoso lobby estadounidense”.
Es la primera dimisión de un alto funcionario del gabinete Trump ligada directamente al conflicto en Medio Oriente, y la más contundente señal pública de que la guerra contra Irán genera fracturas dentro del propio movimiento MAGA y el Partido Republicano.
Kent, veterano de la guerra de Irak, trazó una comparación directa entre el conflicto actual y la invasión de 2003, cuestionando las promesas oficiales de una victoria rápida. El paralelismo es políticamente incómodo para la administración: fue precisamente esa guerra la que Kent y otros referentes del nacionalismo americano señalaron históricamente como un error impulsado por presiones externas.
El funcionario dependía directamente de Tulsi Gabbard, directora de inteligencia nacional, en un gabinete que hasta ahora había mantenido una fachada de cohesión frente al conflicto. Su salida expone tensiones que hasta ahora no habían trascendido públicamente y abre interrogantes sobre cuántos funcionarios comparten sus reparos en privado.


