El malestar social por el ajuste económico del gobierno de Javier Milei alcanzó en febrero de 2026 un nivel que, según la consultora QSocial, configura un “punto de inflexión”: la atención ciudadana se desplazó de las metas de equilibrio fiscal hacia los efectos concretos del ajuste en la vida cotidiana. Los datos surgen del informe QMonitor, elaborado sobre 1.645 casos.
La percepción negativa sobre la situación del país trepó al 40% en febrero, mientras que la evaluación positiva cayó al 19%. El 32% de los argentinos afirma que sus ingresos no alcanzan para cubrir necesidades básicas como alimentación, vivienda y salud. En el último año, el 74% de los encuestados debió recortar gastos para llegar a fin de mes y el 51% declaró no tener capacidad de ahorro.
Las preocupaciones más extendidas son la pobreza, señalada como principal problema por el 27% de los ciudadanos, y la falta de trabajo, mencionada por el 19%. El mercado laboral muestra señales de crisis: se perdieron 242.000 puestos de trabajo registrados en el último cuatrimestre. El cierre de empresas industriales emblemáticas, como la fábrica de neumáticos FATE, es percibido por la sociedad como una consecuencia directa de la apertura de importaciones y la caída de la demanda interna.
En ese contexto, la reforma laboral impulsada por el Gobierno genera resistencia. La opinión pública la asocia, según el informe, con una “salida barata para las empresas en crisis” antes que con una herramienta de generación de empleo.
El 54% de los argentinos considera que el Gobierno no está logrando controlar la inflación, a pesar del discurso oficial. En el ecosistema digital, el sentimiento dominante es de enojo e indignación: ante el debate por la reforma laboral, el 39% de las interacciones en redes sociales expresa emociones negativas. En las discusiones sobre el aumento de precios y la apertura importadora, esa cifra sube al 51%, asociada a una percepción de “desigualdad o desconexión social” por parte de las autoridades.
El reporte concluye que el ajuste se convirtió en un concepto en disputa entre la “necesidad de orden económico y el temor al abandono social”, y advierte sobre un riesgo creciente en torno al “límite de la paz social” si la erosión del empleo y el poder adquisitivo continúa.


