Por Santiago Cúneo
Hoy es un día muy especial porque se conmemora una vez más la partida del Teniente General Juan Domingo Perón y en un día tan particular invita a la reflexión de todos aquellos que somos peronistas y que somos peronistas por íntima convicción.
Existe una teoría delirante que explica un peronismo de dermis, un peronismo que aparentemente se contagia por la piel o porque mi papá era peronista. Explicado en términos futboleros, un club tiene socios y tiene hinchada, y hay otro nivel de responsabilidad entre el hincha y el socio. El hincha no paga la cuota social, y todo eso al hincha le importa un choto. El hincha va únicamente los domingos a hinchar, y entonces la realidad es que el peronismo dejó de ser un club con socios para transformarse en una hinchada absolutamente despreocupada de que el club estaba siendo embargado, rematado, que la sede social se había privatizado, que la camiseta la habían vendido. Ese hipotético club peronista en realidad desapareció, no está más, ni siquiera juega en primera.
El nombre es el alegato imperecedero de la doctrina del general, pero se quedó sin cancha, se quedó sin piletas, sin estadio, sin jugadores, sin honor, sin gloria. Todos querían jugar en el peronismo, y entonces se llenó de gente que creía que era un negocio, y empezaron a pensar cómo quedarse con el sello del peronismo para hacer liberalismo, comunismo o plata.
Perón dejó definido algo importante: “el peronismo es un movimiento, no es un partido político”. Ese club era el pejotismo. Y ese club llamado PJ se transformó en un aguantadero de ladrones y delincuentes mezclados con viejos peronistas de la resistencia.
El peronismo necesita reconstruir su identidad. Lo que antes no era necesario pedirle a nadie, un psicotécnico y un certificado de honestidad, hoy pareciera indispensable para no seguir degradando el nombre de Perón.
Por eso, estar unidos pero no revueltos. La unidad no es a cualquier costo y con cualquiera, es una identidad, es el ser. La unidad se da entre iguales con distintos matices de aplicación, no se da con los distintos que odian lo que somos.


