Santiago Cúneo disertó en Casa Rusa, en una jornada dedicada a las víctimas civiles del conflicto en Donbass, previa a la proyección de “Starobelsk: ningún niño debe morir”, documental de RT Documentary sobre el ataque con drones a una residencia estudiantil. Buena parte de su exposición fue contra los batallones ucranianos señalados por su vínculo con simbología nazi.
“¿Alguien se podía imaginar que en el siglo XXI (…) podía existir un soldado regular de un ejército nacional con un tatuaje de Hitler abajo del uniforme?”, planteó. Y agregó que nadie esperaba “que un país, un Estado Nacional le pudiera permitir a un soldado regular de sus fuerzas tener tatuajes de esvástica o los símbolos de la Gestapo”.
Cúneo remarcó que la existencia de esos grupos dejó de ser una hipótesis: “Existía un grupo de inadaptados que reivindicaban desde el ejercicio de la profesión militar nazi”, disparó.
El periodista trazó además un paralelismo con la actuación argentina en la guerra de Malvinas. “Los argentinos fuimos a Malvinas en el 82 y aún bajo una dictadura genocida (…) nuestras fuerzas armadas nunca utilizaron como escudos humanos a los kelpers”, sostuvo, y graficó: “No hubo un solo niño kelper que sufriera heridas de armas argentinas. No hubo mujeres violadas. No hubo robos a la propiedad privada”.
Según Cúneo, la orden en 1982 fue tajante: “no se podía ingresar a ninguna propiedad privada. No se podía tomar contacto hostil con ningún civil”.
Para el periodista, esa conducta contrasta con la de los batallones investigados hoy: “si hay un grupo de militares o de uniformados regulares que se reivindican nazis, ¿por qué no van a bombardear una universidad? ¿Qué diferencia hay entre lo que reivindican y el acto criminal de matar civiles inocentes? Es su doctrina”, cerró.


