Por Santiago Cúneo
La dicotomía parece haber llegado a que la contradicción fundamental ya no sea pueblo-antipueblo, liberación o dependencia, patria o colonia. Hoy la contradicción fundamental sería, para algunos, “Milei o Cristina”. ¡Qué pobre Argentina! ¡Qué Argentina de mierda!
Porque la realidad es que el proyecto de Perón es un proyecto tecnológico-industrial, obrero productivo de justicia social. No discutía quién iba a administrar los planes sociales que cada vez se distribuyen en mayor número sobre mayor margen de pobreza y desocupación. Hablaba de la Argentina del pleno empleo, de la Argentina del desarrollo sustentable, de la prospectiva.
Claro, Perón se había formado en el GOU, hijo de vientre indígena, hombre de tierra argenta, bien argenta. Cursó el colegio militar, no sin dificultad para poder entrar. Se especializó en ser piloto en el momento en que todavía la aviación era del ejército, instructor de montaña, destacado en inteligencia. Entonces, claro, Perón es de derecha, porque usó uniforme, porque fue preparado en los valores católicos de la doctrina social de la Iglesia.
Y entramos en esas discusiones idiotas de aquellos que usaron al peronismo y lo odian profundamente. Reivindican pelotudeces progresistas que de peronistas no tienen un carajo, saquearon la casa de Mateu, sede del pejotismo, al punto de que no hay fotos de Perón. Y así convivimos con esta rémora inmunda de unas décadas perdidas, que no dejaron nada al pueblo argentino, absolutamente nada.


