Por Santiago Cúneo.
El presidente tuvo un ataque de los que suele tener, para lo cual le tuvieron que dar clonazepam inyectable. A la única que no puteaba era a la chorra del ANDIS, la vendedora de tortas; después insultaba a todo el mundo: “traidores, hijos de puta, basuras, inmundicias”, todo desde la habitación de Olivos. Los granaderos estaban listos para ponerle el chaleco de fuerza, y la única que intervino fue la hermana.
Desquiciado todo el fin de semana, enfermo de la cabeza. Mucha droga en el cuerpo le metieron para calmarlo y para que esta crisis que padece el esquizofrénico delirante, enfermo mental en términos clínicos, pudiera llegar a un lunes en el que tiene que hacerle tomar jura a Diego Santilli. O sea, tiene que aparecer lo más normal posible: clonazepam y un palo en el orto, pararlo y que le tome juramento. Y a partir de ahí, esconderlo otra vez: guardarlo, sacarlo, llevárselo, porque está muy pero muy mal. Y esto lo saben todos los de alrededor, lo padecieron todos.
Prometían honestidad: Milei son 1200 López. Prometían cambio en el sistema político, y están arreglando con los gobernadores la reforma política —lo hace el propio Santilli— para canjear PASO por colectoras.
Mientras tanto, esperaban que se arrime el momento en que Messi saliera a la cancha para anunciar la renuncia de Adorni. Y le pedían al esquizofrénico del fiscal de la causa que pidiera la detención de Insaurralde y de Jesica Cirio, que también colaboró en la operación bomba de humo. Entre el partido y la detención de Insaurralde, los medios analógicos del régimen tenían con qué tapar que se iba Adorni.


