Por Santiago Cúneo
En Estados Unidos la única novedad es la rendición incondicional de la Casa Blanca con Irán, que la dan de manera humillante: dicen que Estados Unidos tuvo que aceptar la rendición y te dibujan diciendo que llegaron a un acuerdo. Algo que yo te avisé hace tres meses: era inevitable el triunfo iraní en la guerra, porque atrás estaban los BRICS. Te dije que el día que Donald Trump llegó a China para humillarse en Pekín, todo había terminado.
Efectivamente todo terminó, te dije que Donald Trump le dijo a Netanyahu te voy a volar la cabeza y eso está vigente, esa advertencia, esa amenaza está vigente, Estados Unidos anuncia el acuerdo con Irán, Irán anuncia el triunfo en la guerra y Tel Aviv tiene que entender inglés porque si no le meten un balazo en la cabeza a Netanyahu.
Entonces en este esquema el mundial se está jugando en la posguerra de la guerra de la isla de Epstein. Las primeras víctimas mortales de esta guerra fueron los niños violados y comidos en esa isla por los degenerados pedófilos caníbales de las élites mundiales y esa guerra llegó hasta hoy.
Ahora estamos en la posguerra y, en esa posguerra, Estados Unidos le prohibió la entrada al equipo de Irán para dormir en su territorio, en un efecto antideportivo descalificante inaudito: que una selección de alto rendimiento tenga que viajar en avión para competir, hacer migraciones cada vez que llega, ser revisada cada vez que llega, y de ahí ir a jugar contra un equipo que está durmiendo a 30 cuadras del estadio, fresquito y recién bañado.
Obviamente, esto es absolutamente antideportivo y descalifica la competencia, porque hay un equipo que no está jugando en igualdad de condiciones con el resto. Esto marca un mundial falopa, un mundial trucho, porque la FIFA no puede permitirlo de ninguna manera. A lo sumo debería haberle cambiado la sede a Irán para que juegue todos sus partidos en México, cambiarlo de grupo, pero no sumarse al castigo delirante del derrotado, que impone condiciones de desigualdad deportiva a un equipo que llega cansado, con el estrés del vuelo, con todo lo que implica salir, ir al aeropuerto, subirse al avión, trasladarse a Estados Unidos, hacer migraciones que te maltraten, subirte al micro, llegar hasta el estadio y recién ahí ponerte los botines. Es una hija de putez suprema y supina a la cual Trump nos tiene absolutamente acostumbrados.
Ahora, teniendo en cuenta que Trump tiene el culo roto con un misil hipersónico intercontinental iraní, esto sería lo de menos. La realidad es que, como el culo le está sangrando a Trump, su venganza es sobre un plantel de fútbol. Bueno, todo nuestro aliento al equipo iraní. Ojalá la final sea Argentina-Irán, como dije el primer día. Sabemos de las condiciones antideportivas en que están siendo tratados los iraníes, y la FIFA no se puede hacer la pelotuda.
La FIFA no puede hacerse la idiota y no darse cuenta de lo que está pasando, porque como esto lo organizaban tres países, había tiempo de mudar a Irán a Canadá o a México. México les dio acogida inmediata a los iraníes, gracias a su presidenta, que es un ejemplo.


