En pocas horas la muerte de un líder persa se ha transformado en una lluvia de fuego y el temblor del mundo entero. No había que matar a quien en su muerte traería muerte. La locura supremacista occidental, pedófila y satánica ha abierto las puertas de su propio infierno y la quiebra definitiva de su economía. La prepotencia disfrazada de democracias occidentales ha llegado a su fin.
Por Don Juan Manuel.


