La muerte de cada uno de los ídolos populares se compara siempre: todos son masivos en las despedidas. Así que no hay ninguna sorpresa en que haya ido mucha gente a despedir al Indio Solari. Lo que tiene que quedar claro es que no se murió ningún puto revolucionario del orto de nada: se murió un cantante. No se murió ninguna estrella social, porque le hablaba a ese segmento y representaba esa tribu, no a los argentinos. No era transversal. A mí no me representan un choto.
Era esa tribu. Rodrigo la suya, Gilda la suya, Gardel la suya, Mercedes Sosa la suya, cada uno la suya. Son grandes, el museo de la fama está ahí. El Indio se ganó un lugar en la historia de la música, fuera de discusión. Y tiene una tribu que va a seguir rindiéndole homenaje, mientras el que hace de rapi le lleva el sándwich de lomo a los ricos.
Porque revolución no hay. Ahí no hay revolución, en las canciones no hay revolución. Nunca convocó la revolución el indio, ninguna revolución, porque su forma de ver la vida no era revolucionaria.
Por Santiago Cúneo


