Por Santiago Cúneo
Lo que no puede pasar es que el mundial tape la realidad, porque la realidad no cambia por un campeonato de fútbol. En 2022 millones de personas salieron a la calle y volvieron igual o más pobres que cuando fueron a festejar, con las mismas necesidades. Entre aquel año y hoy todo empeoró. Estamos muchísimo peor que hace cuatro años, muchísimo peor.
Y aunque parezca que podemos ganar la cuarta, estamos muchísimo peor. Para el final del mundial estaremos peor todavía. Campeones del mundo y mucho peor.
No se puede confundir un juego, un gigantesco negocio como es hoy el fútbol, con la realidad social política de una patria herida, sangrante y sufriente como la nuestra.


